Esta tarde, enredando en la Web meneame.net he encontrado una curiosa noticia que apareció el domingo 20 de julio en la vesión digital de el periódico El mundo. Es un poco larga pero la verdad es que merece la pena leerla. ¡Ahora ya no sé si facturar las maletas o no!
¿Qué significa el verbo perder? «Dejar de tener, o no hallar, aquello que poseía una persona, sea por culpa o descuido del poseedor, sea por contingencia o desgracia». Aunque los responsables de los aeropuertos y de las aerolíneas se empeñan en echar por tierra el argumento de que cuando una maleta no aparece es porque está perdida -según ellos, sólo está retrasada por algún motivo concreto-, la acepción que acuña la Real Academia Española para explicar este verbo pone en evidencia las tesis de los responsables de la pérdida. Porque, aunque insistan en negarlo, el pasajero deja de tener la maleta por un tiempo, por ende, la ha perdido.
¿Por qué se pierden las maletas? ¿Por qué la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, en Madrid, se ha convertido en un tabú entre los viajeros? ¿Qué pasa en las entrañas del cuarto aeropuerto con más tráfico de pasajeros de Europa y el décimo del mundo? ¿Por qué si coges un vuelo en Sevilla, con destino a Venecia y escala en la T4, cuando llegas a la ciudad italiana tu maleta sigue aún en la capital andaluza?
Un bombardeo de preguntas cuya respuesta está en los sótanos de la T4 y se llama Sate. O lo que es lo mismo, un sistema automático de tratamiento de equipajes que es el vigía de la maleta desde que el viajero la factura en el mostrador, hasta que el personal del servicio de tierra de la aerolínea la coge para subirla a la bodega del avión. No obstante, conviene recurrir a los matices para dejar claro el porqué de los extravíos de equipajes.
Las experiencias con el Sate han sido caóticas en la mayor parte de los aeropuertos en los que se utiliza (Pekín, Fráncfort, Denver, Hong-Kong, Osaka, Kuala Lumpur y… Madrid, entre otros). Es el caso de Denver, el undécimo aeropuerto con más tráfico de pasajeros del mundo, donde los problemas con este sistema acarrearon un coste de más de 630.000 euros por día de retraso durante meses.
El quid de Denver fueron problemas mecánicos y del propio software (el programa informático que emplea el Sate para funcionar), que hacían que se perdieran las maletas y se cayeran de los carritos que las transportan a lo largo de las cintas que conforman el sistema. Pese a ello, el Sate, un año después, logró pulirse y funcionar con éxito.
Sin embargo, es la T4 de Madrid la que se ha puesto la medalla del triunfo, aunque no sin pasar antes por un maremagnum de maletas perdidas, desde que se inaugurase el 4 de febrero de 2006. Dos años después, la T4 factura más de 13,5 millones de equipajes. El récord lo registró el 6 de agosto de 2007, cuando se produjo el mayor movimiento de equipajes de salida, con casi 50.000 maletas tratadas, de las cerca de 85.000 facturadas en todo el aeropuerto ese día.
¿Cuáles son las claves del presunto éxito de la ciudad de las maletas que preside los sótanos de la T4? Siemens tiene la palabra. El grupo gestó un auténtica city bajo tierra, con túneles, calles, pasillos muy largos, vías similares a las del tren, cámaras de vigilancia, aparatos de inspección gigantescos, almacenes, aseos y hasta señales de tráfico.
Y todo para que las maletas circulen con destino al avión, al tiempo que los pasajeros hacen lo mismo pero en la superficie. Cerca de 96 kilómetros de unas carreteras especiales, hechas con cintas transportadoras, sobre las que transitan unos coches muy peculiares (unas bandejas de color amarillo), cuyos pasajeros son las maletas y que circulan a una velocidad de entre 1,5 metros y 10 metros por segundo.
En medio de este caos de equipajes, sólo se oye el paso de esos coches amarillos, que retumban como los motores de un avión cuando empieza a calentar. En poco menos de 25 minutos, la maleta atraviesa la red de radiales para caer en el llamado hipódromo -una cinta que da vueltas-, donde es aprehendida por un trabajador de handling.
A lo largo de ese viaje, desde que el pasajero factura su equipaje en uno de los mostradores de la terminal, hasta que llega al avión, la maleta experimenta todo tipo de aventuras. Primero, etiquetarla con un código de barras que permite saber, en cualquier momento, de quién es el bulto y cuál es su destino. Arranca así el recorrido por la ciudad subterránea de la T4.
En función de si se trata de un vuelo nacional o internacional, la maleta caerá en un transportador de banda o en una bandeja, respectivamente. En el primer caso, el equipaje no sale del edificio de la terminal. En el segundo, en cambio, es trasladado hasta una terminal satélite, situada a 2,5 kilómetros.
Hay ocasiones en las que aún se desconoce la puerta de embarque del avión. En estos casos, las maletas se convierten en equipaje temprano. De manera que se almacenan en un espacio conjunto hasta que se determina su destino.
Las maletas que caen en las bandejas amarillas pasan, automáticamente, a depender de estos coches especiales hasta que llegan a las manos del personal de tierra. Cada una de ellas responde a un dispositivo que recibe la información del código de barras y la transmite a una especie de pastilla situada en la bandeja.La parte más emocionante de este viaje se produce cuando la maleta entra en el túnel que la lleva directamente a la terminal satélite.
A lo largo de 2,5 kilómetros, y a 10 metros por segundo, las bandejas se convierten en el tren que transporta a las maletas hasta el otro edificio. El tiempo máximo entre carga y descarga entre edificios no supera los ocho minutos. Para ello, dispone de ocho vías para la circulación de bandejas de salida y otras ocho para la llegada (aunque, en este caso, la maleta no va en una bandeja sino en una banda transportadora).
La peor prueba por la que tienen que pasar las maletas es la inspección. A través de cuatro niveles de seguridad, el equipaje se enfrenta a 35 escaners, 10 tomógrafos computerizados y cuatro máquinas de rayos X, en función del grado de sospecha que encierre la maleta.
Mientras los equipajes realizan su particular viaje subterráneo en poco menos de 45 minutos, los dueños de las maletas hacen lo mismo, pero en la superficie. La Asociación Europea de Aerolíneas considera a la T4 de Barajas y al aeropuerto de Múnich como los centros más eficientes de Europa en la gestión de equipajes. No obstante, las maletas se siguen perdiendo.
Las principales causas de pérdida no se deben a un mal funcionamiento del Sate, sino al propio pasajero o al personal de tierra de la aerolínea. Cinco son los motivos:
- El viajero facturó de manera apresurada, con los minutos contados, y su maleta no llegó a tiempo al vuelo que le correspondía.
- La etiqueta con el código de barras tiene un fallo o no es la que le corresponde.
- El propietario de la maleta olvidó retirar la etiqueta de un vuelo anterior.
- La persona de handling que transporta la maleta desde la salida del Sate hasta la bodega del avión colocó mal el bulto en los remolques, lo que provocó una caída del equipaje al suelo, sin percibirlo el empleado en cuestión.
- La Guardia Civil interceptó algo sospechoso en el interior del bulto, cuando pasó por la máquina de inspección. Esto obligó a precintarlo.
El último informe de la Asociación Europea de Líneas Aéreas delata que la británica British Airways fue la aerolínea europea que más retrasos en la entrega de equipajes registró en los tres primeros meses del año, con un extravió de 9,3 millones de maletas, esto es, una media de 28,9 maletas por cada 1.000 pasajeros.
Iberia se sitúa en duodécima posición en pérdida de equipaje, con 2,1 millones de maletas (10,9 bultos extraviados por cada 1.000 pasajeros). En total, más de 85 millones de maletas transportadas por aerolíneas europeas sufrieron retrasos en los tres primeros meses del año.
La inauguración de la T4 convirtió la pérdida de maletas en algo cotidiano en Barajas. «¿De verdad que es tanto caos el tema de pérdida de maletas en la T4? Estoy bastante acojonado». Expresiones como ésta colapsaban los foros de internet. Y es que poco después de su debut, un error informático truncó la clasificación de equipajes y provocó la pérdida de unas 20.000 maletas en una mañana. Este fallo colapsó durante cinco horas las cintas.
Todavía tuvieron que pasar varios meses hasta que el Sate de Barajas empezó a coger velocidad. En la actualidad, la T4 está capacitada para gestionar 16.500 equipajes por hora. La asociación Eurocontrol revela que sólo en España el tráfico de pasajeros en 2007 respecto al año anterior ascendió en un 9%, con unos 300 nuevos vuelos diarios.
¿Por qué se pierden las maletas? La gente viaja más (y siempre va corriendo), los aeropuertos empiezan a quedarse pequeños y el equipaje congestiona las instalaciones y desborda al personal.¿Qué ocurriría ahora en la T4 si se produce un fallo informático? Una catástrofe.
Al final vamos a tener suerte, como dice Google, y el desdoblamiento de la carretera Ex-100 que va de Cáceres a Badajoz va a finalizar antes del plazo previsto (verano de 2009). Además, ¡el acceso a Badajoz se ha abierto hoy al tráfico un año después del inicio de las obras!
¡Nunca mais tendremos que meternos en autovía para acceder al centro!
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Como aprender no ocupa lugar, desde hace unas semanas (y gracias a la nueva cuenta que me han asignado en el curro) he empezado a tener relación con el mundo MAC y con el DTP. No sé si es bueno o malo, pero la verdad es que me molan estos enredos
Pues bien, el problema que estamos teniendo es que Trados Workbench lo tenemos instalado, como la mayoría de los traductores que no están familiarizados con MAC, en un PC y el proceso de preparar los archivos para poder traducirlos en PC es un poco complicado, pero funciona.
Aquí os detallo cómo hacerlo en caso de que alguna vez os encontréis en esta situación:
1. Se abre el archivo .indd con InDesign CS3 en MAC (si el archivo viene comprimido, es preferible descomprimilo directamente en el MAC, vamos, por si las moscas).
2. Se exporta para crear un archivo de intercambio de InDesign (con extensión .inx). Esta opción está en el menú de InDesign: Archivo – Exportar.
3. Ese archivo de intercambio .inx creado en MAC hay que abrirlo en PC y guardarlo como archivo de InDesign CS2. En este momento, es aconsejable, al guardar el archivo, cambiarle el nombre, por ejemplo, añadiendo “_PC” al final; para así no confundirnos con los otros.
4. Volver a exportar el archivo para crear un archivo de intercambio de InDesign para PC.
5. Abrir el archivo con TagEditor (.ttx), traducirlo y limpiarlo para obtener de nuevo el .inx para PC.
6. Abrir el archivo limpio .inx en PC con InDesign CS2, guardarlo, pasarlo al MAC, abrirlo de nuevo y guardarlo ahora como InDesign CS3.
Tened en cuenta que, en caso de tener que hacer DTP, lo tendréis que hacer en un equipo que tenga la versión de CS en la que se haya recibido el archivo original.
¡Esto es todo amigos!
P.D.: a la hora de entregar el archivo, ¡no os olvidéis de borrarle el “_PC” que le habíamos añadido!
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Muchas veces, al traducir un archivo .ttx (de TagEditor), Trados Workbench nos muestra un error que dice que la memoria de traducción (TM) y el archivo tienen idiomas diferentes, generalmente el idioma de destino, y por lo tanto no se pueden conectar.
Esto hace que, en la barra de herramientas de Trados, el único botón que aparezca activo sea el de “Open segment”. Verás que el botón cuadrado azul de “Connect to Workbench” aparece desactivado.
En caso de tener varios archivos y una TM de un tamaño considerable, lo más fácil y rápido es realizar una pequeña modificación en los archivos. Los pasos serían:
1. Comprobar los idiomas de la TM. Para ello tendremos que exportarla a formato de texto (.txt), abrila con un editor de texto (notepad, textpad,…) y buscar por “<Seg L=” para comprobar el idioma de origen (source language) y el de destino (target language), que aparece unas líneas más abajo.
2. Una vez que hayamos averiguado el idioma de destino de la TM (en este caso “ES-EM”), tendremos que ir al archivo .ttx, abrirlo también con un editor de texto y realizar una búsqueda por “language”. En caso de que nuestro “target language” sea “ES-ES” tendremos que buscar todas las ocurrencias y cambiarlas por “ES-EM” para que el archivo y la TM tengan la misma combinación (lo más sencillo es “buscar y reemplazar todo”).
3. A continuación, cerramos el editor de texto y guardamos los cambios. Al volver a abrir, tanto la TM como el archivo, comprobaremos que ahora sí aparece activo el botón de “Open/get segment”.
En este caso concreto, el botón para conectar el archivo y la TM aparece en gris porque se han vinculado automáticamente. En caso de que no fuera así y el botón apareciera resaltado, lo único que tendríamos que hacer es clic sobre él.
Otra opción es cambiar el código del idioma directamente en la TM, al exportarla, pero, por lo general, suele ser un proceso más lento y más “peligroso” (depende del tamaño). Desde luego, si lo vais a hacer yo os recomendaría hacer una copia del archivo “by if the flies”. Desde luego, yo prefiero hacer la modificación en los archivos antes que en la TM.













